domingo, 27 de agosto de 2017

DIARIO DE MARY CARMEN/ DIA 23 DE AGOSTO

Me siento una esclava a distancia. Aparentemente soy libre, pero esa libertad de movimientos no se ve acompañada por la libertad mental. Y esto último es lo que me hace ser realmente una esclava, esas cadenas invisibles que una misma no rompe porque no debe hacerlo si no quiere romperse ella misma por dentro.
Para una servidora, romper la sumisión mental supondría dejar de ser yo, renunciar a mi identidad para convertirme en una extraña incluso delante de mis propios ojos. Nada me impide hacer cualquier cosa, nadie puede decir que vivo condicionada por nada, y sin embargo soy yo mi propio límite, mi propia prisión.
Pero para que este estado de la mente se concrete en realidad ha hecho falta la Señora Lilith. Ella, sin estar físicamente presente, se erige en el astro rey de este universo sobre el que giramos todos sus satélites sumisos, en torno al que una servidora gira, como una burra de noria, sin pensar en nada que no sea Ella. Metafísicamente se podrían aducir cuestiones sobre la identidad y sus dependencias, alegar si una esclava  posee o no posee identidad, señas que la liguen a una personalidad, pero eso es muy farragoso, lo dejo.
No encuentro otra forma de vida desde aquella primera vez en la que le besé los pies y Ella me dijo: "No, primero el derecho, siempre ha de ser primero el derecho!".

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